Llevamos ya 40 años desarrollando nuevas variedades de frutas de hueso y de berries para ofrecerles en cada momento la mejor experiencia gustativa posible. Todo empezó con una estrecha colaboración con La Universidad de Florida y con mejoradores privados de Estados Unidos: Zaiger’s Genetics y Bradford Farms. Es una historia de personas apasionadas por las frutas, por su oficio, deseosas de que todos disfruten comiendo frutas, desarrollando así un consumo tan beneficioso para la salud. Crear una nueva variedad son diez años como mínimo desde el momento en que polinizamos unas flores (como lo harían las abejas pero eligiendo los parentales) hasta que las frutas estén en su mesa.  Pero a su vez los parentales utilizados tienen su historia y años de trabajos…

En el caso de la Universidad de Florida son ya tres o cuatro generaciones de mejoradores desde Ralph Sharpe el pionero de las variedades de melocotonero de poco reposo en los años 50, pasando por Wayne Sherman apasionado por mejorar la calidad y el sabor de sus melocotones, seguido por Jose Chaparro que como muchos de los antiguos alumnos de Wayne ha heredado de su pasión y dedicación sumándole su creatividad. Ralph y Wayne adaptaron los arándanos a las condiciones peculiares de Florida utilizando especies silvestres autóctonas. Paul Lyrene dotado de una mente privilegiada desarrolló toda una industria en torno al arándano en un tiempo récord. James Olmstead ha cogido ahora el relevo.

Floyd Zaiger mejora sus variedades en California, cuna de la creación varietal desde Luther Burbank a final del siglo XIX. Aún activo y creativo a sus 85 años, ha estado acompañado toda su vida por Betty su mujer, luego se sumaron sus hijos Leith, Grant y Gary y ahora sus nietos. Han sido los creadores de los interespecíficos modernos como los excelentes Pluots (cruce reiterado de ciruelas con albaricoque) o variedades tan reconocidas como Big Top que ha fijado una nueva meta en cuanto a calidad. Floyd aprendió su oficio con el padre de las nectarinas, Fred Anderson, a inicio de los 50.

En aquel entonces trabajaba ya con Fred Norman Bradford que se quedaría con el programa de mejora, desarrollando variedades referente de las nectarinas modernas, en particular las de carne blanca. Norman tenia mentalidad de agricultor en el sentido noble de la palabra, le gustaba las cosas bien hechas, con buen sabor, le dedicaba todo el tiempo necesario. Hace 25 años su hijo Glen Bradford cogió el relevo manteniendo esta exigencia en cuanto a calidad gustativa, desarrollando series de interespecíficos a lo largo del verano. En los últimos años se ha incorporado su yerno Jon Quisenberry.
Hoy en día seguimos trabajando con ellos prueba del compromiso de Royal en mejorar siempre la calidad de sus productos. También hemos ampliado nuestras colaboraciones con otros investigadores en Europa y a través del mundo manteniendo la misma filosofía.

Cuando ofrecemos una nueva variedad somos muy conscientes de la suma de talentos y esfuerzos que ha sido necesaria para mejorar lo existente. Sabemos que la genética funciona como le gusta recordar a Wayne y que las próximas variedades serán aún más sabrosas. Pero como agricultores que somos conocemos muy bien nuestros límites. Al final manda la naturaleza y aunque dispongamos de un “terroir” y clima privilegiado (en Mayo ya es verano en Sevilla ¡se siega el trigo!) sabemos que dependemos de muchos factores para conseguir expresar el potencial gustativo de nuestras frutas.

También sabemos que cada consumidor tiene un paladar distinto que es difícil de satisfacer pero vamos progresando. Cuando lo logramos somos felices y si se trata de un niño más todavía. ¡Ojalá se quede con este recuerdo gustativo y el deseo de disfrutar plenamente de la cultura Mediterránea!

Jean-Clément MARCAILLOU         Director I+D